Vencer el miedo, para atender al cliente interno.


Dejemos sentada una idea clave, y que nos va a acompañar a lo largo de muchos artículos.

La satisfacción del cliente interno, está por encima de la del externo.

La empresa que no acepte esto, y actúe en consecuencia, estará siempre a merced de los competidores, nunca podrá acompañar la evolución del mercado, y peleará constantemente con los conflictos que derivan del descontento de los recursos humanos.

Por qué se dan estas situaciones?

La culpa es del otro.

La escasa capacidad de autocrítica lleva a pensar que los conflictos con el personal son causados desde las “pocas ganas de trabajar”, hasta “los efectos de la generación Y”, sin dejar de lado los gobiernos, las libertades, etc. etc. etc. Eso sí, la desmotivación del personal, parece nunca ser responsabilidad de la empresa.

Un cliente interno satisfecho, es un empleado productivo, dispuesto a la creatividad, tierra fértil para el compromiso, y abierto a la transmisión de sus buenas condiciones a los clientes externos.

Un cliente interno disconforme solamente desparramará un virus de malos comentarios que de a poco terminarán royendo el clima laboral de tal forma que, al notarse, ya sea demasiado tarde.

La empresa es la víctima.

Hace poco, compartiendo experiencias de empresas del medio, descubrí que (desgraciadamente) se puede generalizar el mal uso de los asesores externos, y la falta de profesionalismo de estos.

Las empresas que contratan asesores, no lo hacen para realmente detectar una falla, sea del sector o nivel que fuera, sino que solamente pretenden lograr que alguien les dé la razón. Son empresas que se victimizan ante las propias fallas en la gestión, que fueron incapaces de dar el paso hacia la adaptación a los tiempos modernos, empresas que quedaron atrapadas en el tiempo, y que no quieren solucionar los problemas, solamente quieren que todo vuelva a ser como antes, es decir, seguir negando la evolución para no obligarnos a evolucionar.

Los directivos temen quedarse afuera.

Que una organización evolucione, implica que todos sus integrantes deben hacerlo. Ahora bien: ¿Y cuando estos no quieren?

El temor a perder control, el temor a que el paraguas avance y nosotros no seamos capaces de seguirles el ritmo, el temor a “no ser lo que se necesita, y perder el lugar que no queremos perder”, son algunos de los principales motivos por los cuales los empleados que tienen alguna posición de mando, son los más reacios a aceptar los cambios.

El hombre le teme a lo que desconoce o a lo que cree que no puede manejar. En este caso, se darán ambas condiciones, por lo tanto, el miedo paralizará a la mayoría.

Lo que sí debemos recordar siempre, es el cambio en la demanda del cliente interno, que es quién nos dará la verdadera ventaja competitiva.

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About Lic. Jorge Asad Elías

Lic. en Administración, orientado durante toda su vida laboral a especializarse en ventas, negociación, comercialización, y liderazgo.

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  1. Anónimo - 1 diciembre, 2011

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