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El éxito como resultado del fracaso.

Hace poco, leí un artículo que reflexionaba sobre la necesidad de vencer el miedo para poder emprender.

Después de leerlo una y otra vez, encontré un video en la red, que trataba sobre la incontable cantidad de inventos, descubrimientos, y avances que se lograron hacer posibles, simplemente porque alguien dejó de considerarlos imposibles.

Y de eso se trataba, de gente que había perdido el miedo al fracaso.

La frase que se escondía detrás de aquel video, era: “¿Qué intentarías, si supieras que no fracasarías?”.

Combinando aquel texto con aquella disertación, llegué a concluir que existe un miedo generalizado al fracaso que se puede esconder detrás de inseguridades, dudas, explicaciones lógicas o expresiones físicas… pero al final de cuentas es eso: miedo al fracaso.

El problema fundamental aquí, es que quien no fracasa no progresa, simplemente porque se mueve dentro de las actividades en las que siente confianza o certeza, es decir dentro de su zona de confort.

Buscando explicaciones que me ayudaran a entender el por qué de este fenómeno, llegué a la (triste) conclusión de que nos enseñan a escaparle al fracaso, y lo que es peor no nos enseñan a fracasar, sino a evitar hacerlo.

A la larga, simplemente nos enseñan a movernos siempre dentro de nuestra zona de confort, y a mantenernos dentro de variables aprendidas y controlables.

Nos muestran la necesidad de estar siempre en un estado de seguridad, y nos llenan la cabeza de ejemplos de personas y personalidades exitosas, pero hacen tanto hincapié en su éxito, que olvidan mostrar sus fracasos, por lo que llegamos a pensar que los exitosos no son personas comunes, sino que son eso: “exitosos”.

Es por eso que nos predisponemos a pensar que el éxito es algo que “se da” o “no se da”, y no que es algo que “se busca”.

Sería importante aceptar e incorporar que el éxito debe ser el resultado de sucesivos fracasos que nos vayan enseñando a corregir errores. Entonces, llegado el momento de fracasar, no tomarlo como una señal que nos indique que lo que estamos encarando “no es lo nuestro”, sino que se tratan de alertas y señales que nos van redirigiendo los esfuerzos.

Quien logre saltar la barrera del miedo al fracaso, tendrá acotado el camino al éxito, pero no lo tendrá asegurado, sino que deberá complementarlo con constancia, esfuerzo, trabajo; y por sobre todo: capacidad de aprender de los sucesivos fracasos que sufrirá.

Para completar esto, les dejo el video del cual hablé al comienzo, que me ayudó a entender la importancia del fracaso:

3 preguntas en 3 momentos.

En algún momento de tu infancia, te habrán preguntado: “qué quieres ser cuando seas grande?”
Las respuestas habrán sido tan variadas, como niños haya en la historia, pero hay algo que es verdad: las respuestas habrán sido tan sinceras como inocentes.

Y es porque ese niño no estaba viciado, ni influenciado por necesidades, condicionamientos sociales, opiniones familiares o perjuicios.
No respondía a intereses o conveniencia, ni buscaba provecho o ventaja alguna.
No perseguía mayor interés que la expresión de un sueño, un ideal, o la pura manifestación de gustos propios o placeres personales.

Cuando somos niños soñamos, creemos en ideales, pensamos sanamente y actuamos en función a los buenos pensamientos. No estamos “marcados por la experiencia” más allá que lo poco que podemos analizar de los actos de nuestros padres.

Hoy estamos parado en nuestros propios zapatos, y estos están aferrados al suelo. Aquí y ahora no hablaremos de sueños, sino de aquellas cosas ciertas que nos depositaron en este lugar y en este momento.
Hablaremos de la experiencia propia, por vivencias u observación de las de otros, del bagaje que traigamos en nuestro cuerpo y mente, y de los conocimientos que nos hagan ser quienes somos.

Somos un paquete de ideas, conceptos, pensamientos y acciones.
Analizamos, vemos, pensamos y sentimos.

Hoy podemos obtener (de nosotros mismos) una realidad, y esa realidad nos lleva a tener ideas.

Juntando ambas etapas de nuestras vidas, es que debemos plantear el futuro, preguntándonos “en dónde queremos estar en unos xx años?”.

Plantear lo que queremos cambiar de nuestra realidad, para llegar a un futuro partiendo desde los sueños puros, sin condicionamientos ni prejuicios, en el que podamos ser y hacer aquello que siempre soñamos, o algo que descubrimos con el paso del tiempo y que realmente nos apasione.

El pasado nos debería aportar las ganas de soñar sinceramente.
El presente, las herramientas para moldear ese sueño.
El futuro, los hechos, los actos, para hacer realidad esos sueños.

3 preguntas, en 3 momentos diferentes para ir logrando la excelencia en términos de sinceridad entre lo que quiero, lo que pienso, y lo que soy y logro.

La muerte de la era de la presión.

La búsqueda de mayores resultados buscados a través del mayor control, mayor seguimiento, y mayor presión sobre los trabajadores, es una idea que debería estar guardada en algún cajón, justo al lado de “la superficie de la tierra es plana”.

Hoy en día los cambios tecnológicos, las posibilidades que ofrece una economía “en crisis”, y los adelantos en las comunicaciones, nos han puesto en un sendero en el que la presión ejercida sobre el empleado es inservible.

Es necesario fomentar un cambio, una modificación, una reestructuración de pensamiento… una revolución.

Imaginen que en lugar de ejercer presión sobre cada empleado, los formáramos y les diéramos herramientas que los ayuden a auto presionarse; pero no por el temor al objetivo no cumplido, sino para no perder los beneficios que la consecución de los objetivos, le generan.

Sabemos que nos acostumbramos rápidamente a cualquier factor que mejore nuestra calidad de vida. Indirectamente, nos acostumbramos a “vivir mejor”, entonces es mucho más probable que me esfuerce en no perder esa mejoría, a que lo haga porque alguien actúa de pájaro carpintero en mi cerebro, me respira en la nuca, y nunca se baja de mis hombros.

La real revolución tiene que llevar a lograr que cada persona reciba de su trabajo una mejora en su calidad de vida a medida que alcance determinado hándicap en sus tareas, de tal forma que él mismo se presione en función de mantener los beneficios, que dicho hándicap le vaya proporcionando.

Entonces olvidaremos la necesidad de ejercer presión, en función de la necesidad de generar un programa en el que cada empleado se sienta incluido por poder lograr cosas cuya obtención, llegado el caso, dependen exclusivamente de él.

De esta forma, pasamos “la pelota de la presión” a su campo, lo cual arroja el beneficio de quitar a los gerentes, empresarios o jefes ese papel, dejándolos afuera del rol que más distanciamiento genera.

La presión sin rumbo, o la exigencia sin brindar un beneficio claro, mensurable, y suficiente; solamente apuntan a fomentar el desánimo y el descontento dentro de la organización. Esto se ampara simplemente, en que los empresarios o gerentes aprietan a sus subordinados para no perder sus bonos de fin de año, sus ganancias, sus calificaciones… su hándicap, pero no les dan a sus empleados la posibilidad de hacer lo mismo.

Aclaremos: presionan para no perder algo que creen que les corresponde, sin pensar en que los que vienen detrás buscan exactamente lo mismo.

Si presionamos sobre personas a cambio de otorgarles lo mínimo indispensable… qué resultados podemos pretender?

La presión entendida bajo las premisas actuales, como un factor de generación de mejores resultados, está al borde de la muerte en términos de efectividad.

Los trabajadores de hoy en día empiezan a percibir que las empresas son reemplazables, que los trabajos son temporales, que “ponerse la camiseta” no vale la pena, y que los empresarios los ven como simples ejecutores de las tareas.

Si cada empleado pudiera aumentar sus beneficios (no hablo de dinero) cada vez que ayude a aumentar los beneficios de sus superiores, la presión no debería existir.

Aceptarías un empleo como oficinista?

Aceptarías un trabajo como el que describimos en la imagen de abajo?

Y una pregunta más riesgosa: ¿Tu trabajo se parece a ese?

 

Pep Guardiola, Genio trabajando.

Autor: Exequiel Ponce de León.  Tucumano, 29 años, Adm. de Empresas; MBA 2009. Actualmente viviendo en Tucumán, dedicado desarrollo de proyectos personales. Socio Gerente de “El Vestuario Deportes. Emprendedor.
 

Hace mucho que no leía algo q me pareciera más cierto. Es que además de un profesional soy un apasionado de los deportes; por eso me resulta tan “encantador” leer la historia, detrás de la cocina: allí donde todo se gesta para que después suceda.

La historia grande del fútbol, deporte que no se puede discutir sea al más popular del mundo, tal vez esté disfrutando de su momento más lírico; de su ejecución más perfecta, de su interpretación más simple y no por ello menos bella ni eficiente.
Pero detrás de lo que pasa en los 90 minutos hay un trabajo serio y profesional; llevado a cabo por un señor hiper profesional y dedicado que  se despide de su discurso de premiación en Catalunya con una frase como:
“Y no olviden nunca, que si nos levantamos muy muy temprano, sin reproches ni excusas, y nos ponemos a trabajar, somos imparables. Creanme que somos imparables”.
Denota a una persona inmensamente importante a la cual los éxitos no lo marearon, sino que le afirmaron convicciones.
Sabemos que lo más difícil no es llegar a la cima, sino quedarse. Que el manejo de las personas y el trato diario son lo que hacen la diferencia; y que la perseverancia y disciplina forman el hábito del éxito.
Personalmente admiro al barsa, me parecen fantásticos como hincha. Como empresario y administrador de empresas me asombra que 4 años después de haberlo ganado todo, sigan ganando, jugando y entregando lo que entregan en cada partido. Como sus jugadores quieren estar siempre; cómo??? respetando siempre a cualquier rival, metiendo todos los goles que se puedan meter, no recurriendo a bajos recuersos y por sobre toas las cosas SIENDO FIELES A SU ESTILO.
Tienen un líder fuera de la cancha que los motiva a querer jugar SIEMPRE. Se llama Pep y se los presento en esta genial nota. (click en la foto)
Imagen de Gonza Rodríguez para Revista “El Gráfico” (09/02/2012)
NOTA COMPLETA A PEP GUARDIOLA – REVISTA EL GRÁFICO

Les comparto un pasaje, para que todos podamos entender cómo, aún con las diferencias que existen entre los empleos y actividades de cada uno, en escencia todas son iguales.

“Al final, todo se reduce a instantes, en cada una de nuestras profesiones y nuestros oficios, todo acaba en un instante. Los trabajos que tenemos siempre tienen un instante que nos satisfacen plenamente. Que disfrutamos, que nos da alegría. Yo lo quiero compartir con ustedes. Me gustaría que la gente lo supiese. Antes de cada partido que jugamos, un día antes o dos, yo me voy al sótano del can Barça (NdR: la casa del Barcelona). Subterráneo. Allá no hay luz exterior, es una oficina pequeña, que me he arreglado, he puesto una alfombra, una luz que no está mal… y allí me encierro. Me encierro por una o varias horas. Me llevo dos o tres DVDs. Carles, Dome y Jordi, que son gente que me da una mano, como tantos otros en esta aventura, me dan unos videos sobre el equipo rival con el que tenemos que jugar de acá a uno o dos días.

Me siento, agarro hojas, un bolígrafo y pongo el DVD. Y empiezo a ver y a ver a este equipo contra el que jugaremos. Y empiezo a escribir. Coño, el extremo derecho… el central derecho juega mejor que el izquierdo, el extremo derecho es más rápido que el izquierdo, este juega todos balones largos, este así, este asá, estos suben a la montaña por este lado… estos por el otro… Y voy apuntando todas las cosas buenas que hacen los contrarios. Mientras al mismo tiempo escribo sus debilidades. Estos se frenan por aquí, a estos les podemos hacer daño por allá, si juega Messi por allí, si este otro por allá… Hasta que llega un momento, diría acojonante, fantástico, que es el que le da sentido a mi profesión. Creanme que soy entrenador por este instante. Todo lo demás es un añadido que uno evidentemente tiene que afrontar. Pero está este momento máximo de satisfacción, cuando te das cuenta. A veces dura un minuto veinte, a veces un minuto treinta. A veces un minuto solo. A veces tengo que ver dos partidos del contrario. Pero llega un momento en el que dices: los tenemos. Ya hemos ganado. No sabes por qué, puede ser una imagen, unas cosas que has visto que te hacen decir que mañana, contra este equipo, ganaremos.”

Seguramente todo apasionado de sus tareas, estudioso de su mercado, y perfeccionista en el cumplimiento de sus responsabilidades, nos inspira.

Más aún cuando su éxito está probado y se sigue demostrando día a día.

Nota original por Martín Manzur (@martinmanzur) publicada por revista “El Gráfico”, tomada de www.elgrafico.com.ar

Las ideas actuales, el deseo del comportamiento futuro.

Seremos capaces de generar un cambio desde las bases de la pirámide?

En cuantas ocasiones podremos generar en todos los niveles una conciencia comunitaria en favor de concientizar sobre la importancia de la participación total en función de la calidad laboral como motor del desarrollo organizacional?

La evolución del mercado.

Les comparto un video, que además de gracioso, me hizo reflexionar sobre la evolución de un mercado y de cómo solemos accionar ante los cambios.

El comienzo de un mercado, supongamos un producto nuevo, implica una exclusividad, un “monopolio”, en el cual el espacio sobra, la torta es suficientemente grande como para desperdiciar lo que no se quiera comer de ella.

Luego llegarán competidores, “imitadores” que vendrán a ocupar parte del espacio que era nuestro. Incomodarán, pero hasta un nivel aceptable, lo cual hará que no haya intenciones de cambio por parte del “pionero”.
La situación empezará a ser diferente en cuanto esa “torta” que mencionamos (el cable en el video) no sea suficiente para todos, y nos daremos cuenta que lo que nos diferenciaba, dejó de existir.

Ante esta situación, puede darse que aparezca un nuevo rival, menos identifica le y más peligroso.
Será un nuevo producto, innovador, revolucionario y “diferente” aunque en esencia siga siendo lo mismo.

A los innovadores se los tilda de locos, de productos que no entienden al mercado, que ofrecen cosas que el cliente no busca, cuando en realidad, son aspectos que no se buscan sino hasta que alguien los ofrece.

Si no innovamos constantemente, si nos aferramos a lo que alguna vez fuimos pensando que eso nos “mantendrá siendo” indefinidamente, corremos el riesgo que aquellos “locos diferentes” nos terminen expulsando por completo del mercado.

Es un video gracioso, que me hizo pensar.

Las claves?
Innovar.
Crear.
Imaginar.
Cambiar.
Explorar.
Estudiar (al producto y al mercado)

No hay peor gestión que la que no se hace, ni peor retroceso que estancarse en la negación de la necesidad de progreso.

Que lo disfrutn, y espero sus comentarios.

Para qué satisfacer al cliente?

Hay conceptos que suelen decirse, pero que detrás de ellos esconden aspectos mucho más profundos.

Particularmente, uno en que esto se observa muy claramente, es en la famosa “satisfacción del cliente”, la cual es perseguida, pero pocas veces entendida con la importancia que realmente tiene.

La satisfacción del cliente va mucho más allá de una compra, y de hecho, va más allá de la posibilidad del regreso de ese cliente.

  • Un cliente satisfecho se “abre”, baja la guardia, revela sus gustos, sus preferencias, aporta sus opiniones más crudas, sin filtros.

Es decir, un cliente satisfecho, es más sencillo de llevar a un ámbito de confianza en el cual pueda expresarse libremente y verter opiniones sobre nuestra empresa; hecho que resultará en información al instante que no obtendríamos en investigaciones de mercado.

  • Un cliente satisfecho “habla”. Y quizás lo más importante es que nos ahorraremos una buena parte del presupuesto en publicidad. Alguna vez dijimos que cada consumidor es un publicista en potencia; bueno, un cliente satisfecho es también un RR.PP. que juega un papel importantísimo en la vida futura de la organización.

Ganar un cliente, cuesta 5 veces más que mantener uno ya existente, si a eso le sumamos que podemos obtener la ayuda de los propios clientes, para ganar otros, la ecuación no es difícil de arrojar resultados provechosos.

Poniéndolo más sencillo: un cliente satisfecho, nos puede ahorrar un trabajo que nos costaría hacer 5 veces lo que hicimos originalmente por él.

 

  • De la misma forma en que un cliente satisfecho se abre, un cliente insatisfecho se cierra. Ni siquiera las invitaciones a participar de los libros de quejas, han podido modificar esta postura de los consumidores.

El 90% de los clientes insatisfechos, nunca nos harán escuchar sus quejas, simplemente dejarán de venir, y lo que es peor: irán con sus quejas sobre nosotros, a otros potenciales consumidores.

Hay una tendencia natural a preferir contar las cosas malas, y no las buenas.

 

  • Y el aspecto más importante, es que el cliente considera inconscientemente que nos está haciendo un favor en consumir nuestro producto o servicio.

No existe la lógica de la mutua conveniencia, sino que “yo soy más porque te doy de comer”.

Bajo ese concepto, es importante que cada cliente sienta que es tenido en cuenta, que es escuchado, que la organización está dispuesta a su servicio y pensada de acuerdo a sus necesidades; obviamente, siempre dentro de ciertos límites.

 

Entonces, la necesidad de la satisfacción del cliente, es para que al sentirse importante, baje la guardia, entre en confianza, acepte llegar a un intercambio sincero de ideas, y mediante ella nos brinde la posibilidad de entender mejor qué es lo que el público espera de nosotros; siempre teniendo en claro que una vez que pase la puerta de salida, sus comentarios (que dependerán de cómo se haya sentido en nuestro negocio) podrán elevarnos al cielo, o mandarnos sin escalas al séptimo círculo del infierno en cuestión de pocos minutos y escasas palabras.

Al final de cuentas, el hecho de que el cliente “vuelva”, queda en segundo plano si pensamos en los clientes nuevos que traerá con él cuando efectivamente vuelva.

Atender a las personas.

Hace un tiempo, tuve una discusión con un gerente de mi empresa, porque me dijo que “nosotros no podemos hacernos eco de los problemas de los empleados. Si tienen problemas personales, no los podemos solucionar nosotros. Nosotros tenemos que centrarnos en problemas laborales y su desempeño”.

Desde ese momento me quedó picando una idea, y decididamente me declaré en total desacuerdo.

Es FUNDAMENTAL que un empleado reciba de su empresa, mucho más que una remuneración.

De la misma forma que dijimos que cuando un empleado no se destaca, debemos buscar uno que ocupe su lugar, y que plantee una diferencia; las empresas deben agruparse bajo el mismo principio.

Alguna vez, hablamos sobre la responsabilidad de la empresa en la rotación de su personal. Bueno, aquí vamos a agregar un concepto.

La empresa no puede solucionar los problemas de los empleados, pero tiene que plantearse como política, el facilitar las herramientas para que cada integrante pueda resolver sus asuntos personales.

Obviamente, dentro de los límites que marcan los beneficios mutuos.

La importancia de esto, viene dada por la creciente tendencia mundial hacia el trabajo independiente, basándose en el rechazo a “vender el tiempo propio en función del beneficio ajeno”.

Hay mucha bibliografía sobre “salario emocional”, que no puede ser desestimada con tanta liviandad.

No es ni más ni menos, que ofrecer a los empleados un salario que no sería fácilmente de conseguir en cualquier otro empleo. Demostrar que vale la pena trabajar, y ofrecer una ventaja para cada persona que elija trabajar en la organización.

Cualquier empresa que desatienda la satisfacción personal de sus empleados, o sus necesidades individuales, y no solamente aquellas que están destinadas a la tarea laboral; está mandando un mensaje de total desinterés hacia el plantel, que terminará depositando en ellos una idea absolutamente fundada de opresión y desprecio.

Puede sonar duro, pero en el momento en que los empleados llegan a observar que su entidad como personas (con necesidades, sueños y deseos), no es atendida, se genera resentimiento. Si a ese resentimiento no se lo trata, se convierte en rechazo.

Para quienes son amantes de las estadísticas: Del 100% de los empleados desmotivados, el 100% culpa a sus empleadores por ello.

Pueden o no tener fundamentos, pero la motivación siempre será responsabilidad del empleador, encargado, o superior.

No atender a los factores que hacen que cada uno de los empleados sienta que vale la pena trabajar para ello, es condenarlos a la desmotivación y disponerlos de manera negativa hacia la empresa y el futuro.

Entonces.

Todo empleado necesita saber que recibe de su trabajo las herramientas para progresar personal, económica, e intelectualmente.

Resumiendo, debemos comprender que las empresas comenzarán a ver el éxodo de empleados, de no modificar su forma de contenerlos.

La era de la información, de la conexión constante, del flujo de datos sobre la evolución del mundo laboral, etc. ayudan a que veamos que existen realidades superiores a las que tenemos, y por propia naturaleza humana queremos aquello mejor a lo que tenemos.

El tema ya está instalado, y funcionando.

Ahora veremos cuando nosotros entramos a funcionar de esa forma, para que nuestra empresa pueda contar con que sus empleados apuesten a darnos su mayor esfuerzo.

Lo maravilloso de la simpleza.

Si tan sólo no dejáramos de ver las cosas simples, como son, quizás la vida mantendría intacta la magia.

A no perder de vista lo maravilloso del día a día, por dejar que la rutina nos aplaste!!!

Enemigos de la creatividad

Creo que lo peor de todo, es que muchos de nosotros tenemos a muchos de ellos alojados en nuestros hábitos.

Fusilemos las ideas!

Muchas veces dijimos que el lugar en donde mayor cantidad de ideas se encuentran, es el cementerio, ya que cada uno de los que vamos allí, nos llevamos con nosotros varias.

Hay una realidad muy triste, y es que muchas ideas mueren sin llevarse a la práctica, muchas mueren sin tomar forma, y lo peor es que muchas mueren sin siquiera ser tenidas en cuenta por quien es su generador.

Hay muchos pasos que cumplir antes de erradicar una idea de nuestras cabezas, que generalmente suelen ser evitados tras el motivo “Es una estupidez”. Ese simple motivo, ha hecho a lo largo del tiempo, que ideas que podrían haber sido, no fueran; y que simplemente se frustraran y desaparecieran.

Imaginen si el creador de Internet hubiera pensado que convertir algo a código binario, lograr que “vuele por los aires” para llegar a reescribirse en una computadora a miles de kilómetros de distancia, era “una estupidez”. Probablemente Internet como la conocemos, el chat, las videoconferencias, los sitios de descarga, facebook, y los millones de derivaciones que vinieron luego, nunca hubiera existido.

Es por eso, que antes de catalogar a una idea de tal forma que nos lleve a descartarla, deberíamos darle una oportunidad.

Cómo?

Dejarla volar.

Quizás al tener una idea es necesario que la dejemos ir por las ramas, que nuestra cabeza vaya hacia donde quiera y la lleve con ella, haciendo que toque el cielo y adquiriendo características y condiciones extraordinarias.

Esa parte es fundamental, ya que cuando la mente vuela libremente adquiere una capacidad tremenda de asociaciones y derivaciones que no se nos ocurrirían al novel consciente

Acotarle su campo de vuelo

La idea voló, se fue, dio vueltas, volvió a pasar, y se trepó en cuanta rama se le cruzó. Ahora es momento de comenzar a encasillarla dentro de algunos parámetros que nos ayuden a encaminar su desarrollo.

Si bien el proceso creativo no tiene reglas, éstas deben aparecer al momento de intentar darle forma para la posterior implementación.

Aquí aparecerán consideraciones sobre la determinación del alcance que le queremos dar, o qué clase de público podría ser el demandante de lo que queremos desarrollar, o si realmente estamos atendiendo al motivo que la originó, o nos fuimos demasiado por las ramas.

Es el momento de determinar qué queremos lograr con esta idea, y comenzar a encaminarla hacia ese lugar.

Moldear la masilla.

La imagen de la película es ineludible.

Llegado este punto tendremos un problema, una alternativa para resolverlo, mil características de esa alternativa, y un listado de esas características, pero ya depurado.

Con todo eso, es hora de armar un proyecto, en el que específicamente se vayan asociando las características, las formas de implementación, los recursos necesarios (y las fuentes que los proveerán), el real alcance del proyecto, la conveniencia de hacerlo de una u otra forma, etc.

Someterla a un paredón de fusilamiento.

Llegará el momento en que aquella idea, surgida de un momento de reflexión sobre un asunto que nos atañe, al que oportunamente llamamos “problema”, se haya convertido en un hermoso proyecto de negocio.

Es el momento de destruirlo.

Ustedes pensarán, “¿por qué voy a querer romper algo que me ha llevado mucho tiempo armar?” Simple: para ver si se puede.

Aquí entran a jugar la mayor cantidad de “Abogados del diablo” que puedan encontrar. Hermanos, primos, especialistas, analistas, padres, hijos, pareja, profesores, vecinos… quien sea!!!

La idea es encontrar especialistas en buscarle “la quinta pata al gato” porque en este punto necesitamos que nos digan que todo está mal, que la idea no sirve, y que nuestro proyecto tiene deficiencias por todos lados.

Para esta etapa, es fundamental rodearnos de gente que destruya nuestro proyecto, pero que a su vez nos empuje a mejorarlo.

Remodelación.

Si la idea, pasada a proyecto, sigue con vida después del fusilamiento tiene enormes posibilidades de convertirse definitivamente en un proyecto de negocios “implementable”.

Solo queda una última etapa en la que se ajusten los defectos reales que se hayan identificado en la etapa anterior, y se establezcan los parámetros de implementación para no caer en una vorágine que nos haga perder el rumbo.

Implementación.

Todo el trabajo anterior fue en vano, si llegado este punto no nos animamos a implementar lo planeado.

Ideas tiene cualquiera; plan de negocios, solamente algunos; éxito, unos pocos.

La diferencia entre un creador, y un emprendedor, es que el segundo encara lo que imagina y lo lleva a la práctica; mientras que el primero solamente queda como un soñador, y generalmente atribuye su falta de concreción a factores externos.

Al fin y al cabo, toda idea es un potencial plan de negocios que no atraviesa las etapas necesarias para convertirse en realidad. El tema es que atravesar todas las etapas puede llevar años, hasta adquirir la consistencia necesaria e ir moldeándose de acuerdo a la capacidad que vayamos teniendo en cada momento de nuestras vidas.

El “menú del día”, de los Recursos Humanos.

Clic en la imagen para ampliar.

http://ideasygestion.wordpress.com

10 claves para ser creativo.

10 pasos indispensables para ser creativo.

Negociación exitosa (por el profesor Cantinflas)

Un negociador debe reunir determinadas características fundamentales, que actuarán en función de lograr (o no) buenos resultados.

Una Meta: Todo negociador, debe saber hasta dónde quiere llegar, reconocer cuál será el objetivo al que debe arribar cada proceso de negociación. De no existir, corre el riesgo de quedar flotando a la deriva en algún momento, o negociar indefinidamente sin saber muy bien el camino a seguir.

Un argumento: Es importante que cada uno de los objetivos que se queiran lograr en una negociación, esté acompañado por argumentos con los cuales se maximicen las posibilidades de conseguirlos. Deben ser diversos, ya que no todos funcionan para las mismas personas.

Un discurso: Los argumentos por sí solos, no tienen peso, si es que se los expresa mal. Es por eso que todo negociador, debe tener ensayado, aprendido, practicado o preestablecido, un discurso que incluya a aquellos argumentos, acompañarlo de lenguaje corporal de tal forma de aumentar el impacto, y así acompañar buenos argumentos, con una buena exposición de los mismos.

Perseverancia: Existen altas probabilidades, de ser “rechazado” en el primer intento de alcanzar las metas que nos planteamos al negociar, simplemente porque generalmente se defienden intereses contrapuestos de cada una de las partes. La clave está en no rendirse, no bajar los brazos, no resignar por completo el proceso, sino recapacitar para recalcular las metas, y rearmar la estrategia en consecuencia.

Alternativas: Las alternativas son necesarias, ya sean diferentes caminos para lograr una meta, o diferentes metas en caso de observar que el cumplimiento de la principal es poco probable.

Convencimiento: Alguien que no esté plenamente convencido de lo que expresa, no puede convencer a otros. Es decir, no puedo “venderle” algo a otra persona, si primero no lo “compro” yo mismo.

Una táctica de cierre: Llegado el momento de arribar a un acuerdo, considerado suficiente o beneficioso, es necesario aplicar estrategias que lleven a la “implementación” de las condiciones acordadas. Muchas veces una personas que lleva a cabo una negociación, llega a buenos acuerdos, que por no “cerrar” a tiempo, se diluyen y obligan a re negociar.
Quieren un ejemplo?

Vean el siguiente video

 

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