3 preguntas en 3 momentos.
En algún momento de tu infancia, te habrán preguntado: “qué quieres ser cuando seas grande?”
Las respuestas habrán sido tan variadas, como niños haya en la historia, pero hay algo que es verdad: las respuestas habrán sido tan sinceras como inocentes.
Y es porque ese niño no estaba viciado, ni influenciado por necesidades, condicionamientos sociales, opiniones familiares o perjuicios.
No respondía a intereses o conveniencia, ni buscaba provecho o ventaja alguna.
No perseguía mayor interés que la expresión de un sueño, un ideal, o la pura manifestación de gustos propios o placeres personales.
Cuando somos niños soñamos, creemos en ideales, pensamos sanamente y actuamos en función a los buenos pensamientos. No estamos “marcados por la experiencia” más allá que lo poco que podemos analizar de los actos de nuestros padres.
Hoy estamos parado en nuestros propios zapatos, y estos están aferrados al suelo. Aquí y ahora no hablaremos de sueños, sino de aquellas cosas ciertas que nos depositaron en este lugar y en este momento.
Hablaremos de la experiencia propia, por vivencias u observación de las de otros, del bagaje que traigamos en nuestro cuerpo y mente, y de los conocimientos que nos hagan ser quienes somos.
Somos un paquete de ideas, conceptos, pensamientos y acciones.
Analizamos, vemos, pensamos y sentimos.
Hoy podemos obtener (de nosotros mismos) una realidad, y esa realidad nos lleva a tener ideas.
Juntando ambas etapas de nuestras vidas, es que debemos plantear el futuro, preguntándonos “en dónde queremos estar en unos xx años?”.
Plantear lo que queremos cambiar de nuestra realidad, para llegar a un futuro partiendo desde los sueños puros, sin condicionamientos ni prejuicios, en el que podamos ser y hacer aquello que siempre soñamos, o algo que descubrimos con el paso del tiempo y que realmente nos apasione.
El pasado nos debería aportar las ganas de soñar sinceramente.
El presente, las herramientas para moldear ese sueño.
El futuro, los hechos, los actos, para hacer realidad esos sueños.
3 preguntas, en 3 momentos diferentes para ir logrando la excelencia en términos de sinceridad entre lo que quiero, lo que pienso, y lo que soy y logro.
Pep Guardiola, Genio trabajando.

Hace mucho que no leía algo q me pareciera más cierto. Es que además de un profesional soy un apasionado de los deportes; por eso me resulta tan “encantador” leer la historia, detrás de la cocina: allí donde todo se gesta para que después suceda.
“Y no olviden nunca, que si nos levantamos muy muy temprano, sin reproches ni excusas, y nos ponemos a trabajar, somos imparables. Creanme que somos imparables”.
Les comparto un pasaje, para que todos podamos entender cómo, aún con las diferencias que existen entre los empleos y actividades de cada uno, en escencia todas son iguales.
“Al final, todo se reduce a instantes, en cada una de nuestras profesiones y nuestros oficios, todo acaba en un instante. Los trabajos que tenemos siempre tienen un instante que nos satisfacen plenamente. Que disfrutamos, que nos da alegría. Yo lo quiero compartir con ustedes. Me gustaría que la gente lo supiese. Antes de cada partido que jugamos, un día antes o dos, yo me voy al sótano del can Barça (NdR: la casa del Barcelona). Subterráneo. Allá no hay luz exterior, es una oficina pequeña, que me he arreglado, he puesto una alfombra, una luz que no está mal… y allí me encierro. Me encierro por una o varias horas. Me llevo dos o tres DVDs. Carles, Dome y Jordi, que son gente que me da una mano, como tantos otros en esta aventura, me dan unos videos sobre el equipo rival con el que tenemos que jugar de acá a uno o dos días.
Me siento, agarro hojas, un bolígrafo y pongo el DVD. Y empiezo a ver y a ver a este equipo contra el que jugaremos. Y empiezo a escribir. Coño, el extremo derecho… el central derecho juega mejor que el izquierdo, el extremo derecho es más rápido que el izquierdo, este juega todos balones largos, este así, este asá, estos suben a la montaña por este lado… estos por el otro… Y voy apuntando todas las cosas buenas que hacen los contrarios. Mientras al mismo tiempo escribo sus debilidades. Estos se frenan por aquí, a estos les podemos hacer daño por allá, si juega Messi por allí, si este otro por allá… Hasta que llega un momento, diría acojonante, fantástico, que es el que le da sentido a mi profesión. Creanme que soy entrenador por este instante. Todo lo demás es un añadido que uno evidentemente tiene que afrontar. Pero está este momento máximo de satisfacción, cuando te das cuenta. A veces dura un minuto veinte, a veces un minuto treinta. A veces un minuto solo. A veces tengo que ver dos partidos del contrario. Pero llega un momento en el que dices: los tenemos. Ya hemos ganado. No sabes por qué, puede ser una imagen, unas cosas que has visto que te hacen decir que mañana, contra este equipo, ganaremos.”
Seguramente todo apasionado de sus tareas, estudioso de su mercado, y perfeccionista en el cumplimiento de sus responsabilidades, nos inspira.
Más aún cuando su éxito está probado y se sigue demostrando día a día.
Nota original por Martín Manzur (@martinmanzur) publicada por revista “El Gráfico”, tomada de www.elgrafico.com.ar
La evolución del mercado.
Les comparto un video, que además de gracioso, me hizo reflexionar sobre la evolución de un mercado y de cómo solemos accionar ante los cambios.
El comienzo de un mercado, supongamos un producto nuevo, implica una exclusividad, un “monopolio”, en el cual el espacio sobra, la torta es suficientemente grande como para desperdiciar lo que no se quiera comer de ella.
Luego llegarán competidores, “imitadores” que vendrán a ocupar parte del espacio que era nuestro. Incomodarán, pero hasta un nivel aceptable, lo cual hará que no haya intenciones de cambio por parte del “pionero”.
La situación empezará a ser diferente en cuanto esa “torta” que mencionamos (el cable en el video) no sea suficiente para todos, y nos daremos cuenta que lo que nos diferenciaba, dejó de existir.
Ante esta situación, puede darse que aparezca un nuevo rival, menos identifica le y más peligroso.
Será un nuevo producto, innovador, revolucionario y “diferente” aunque en esencia siga siendo lo mismo.
A los innovadores se los tilda de locos, de productos que no entienden al mercado, que ofrecen cosas que el cliente no busca, cuando en realidad, son aspectos que no se buscan sino hasta que alguien los ofrece.
Si no innovamos constantemente, si nos aferramos a lo que alguna vez fuimos pensando que eso nos “mantendrá siendo” indefinidamente, corremos el riesgo que aquellos “locos diferentes” nos terminen expulsando por completo del mercado.
Es un video gracioso, que me hizo pensar.
Las claves?
Innovar.
Crear.
Imaginar.
Cambiar.
Explorar.
Estudiar (al producto y al mercado)
No hay peor gestión que la que no se hace, ni peor retroceso que estancarse en la negación de la necesidad de progreso.
Que lo disfrutn, y espero sus comentarios.
Lo maravilloso de la simpleza.
Si tan sólo no dejáramos de ver las cosas simples, como son, quizás la vida mantendría intacta la magia.
A no perder de vista lo maravilloso del día a día, por dejar que la rutina nos aplaste!!!
Fusilemos las ideas!
Muchas veces dijimos que el lugar en donde mayor cantidad de ideas se encuentran, es el cementerio, ya que cada uno de los que vamos allí, nos llevamos con nosotros varias.
Hay una realidad muy triste, y es que muchas ideas mueren sin llevarse a la práctica, muchas mueren sin tomar forma, y lo peor es que muchas mueren sin siquiera ser tenidas en cuenta por quien es su generador.
Hay muchos pasos que cumplir antes de erradicar una idea de nuestras cabezas, que generalmente suelen ser evitados tras el motivo “Es una estupidez”. Ese simple motivo, ha hecho a lo largo del tiempo, que ideas que podrían haber sido, no fueran; y que simplemente se frustraran y desaparecieran.
Imaginen si el creador de Internet hubiera pensado que convertir algo a código binario, lograr que “vuele por los aires” para llegar a reescribirse en una computadora a miles de kilómetros de distancia, era “una estupidez”. Probablemente Internet como la conocemos, el chat, las videoconferencias, los sitios de descarga, facebook, y los millones de derivaciones que vinieron luego, nunca hubiera existido.
Es por eso, que antes de catalogar a una idea de tal forma que nos lleve a descartarla, deberíamos darle una oportunidad.
Cómo?
Dejarla volar.
Quizás al tener una idea es necesario que la dejemos ir por las ramas, que nuestra cabeza vaya hacia donde quiera y la lleve con ella, haciendo que toque el cielo y adquiriendo características y condiciones extraordinarias.
Esa parte es fundamental, ya que cuando la mente vuela libremente adquiere una capacidad tremenda de asociaciones y derivaciones que no se nos ocurrirían al novel consciente
Acotarle su campo de vuelo
La idea voló, se fue, dio vueltas, volvió a pasar, y se trepó en cuanta rama se le cruzó. Ahora es momento de comenzar a encasillarla dentro de algunos parámetros que nos ayuden a encaminar su desarrollo.
Si bien el proceso creativo no tiene reglas, éstas deben aparecer al momento de intentar darle forma para la posterior implementación.
Aquí aparecerán consideraciones sobre la determinación del alcance que le queremos dar, o qué clase de público podría ser el demandante de lo que queremos desarrollar, o si realmente estamos atendiendo al motivo que la originó, o nos fuimos demasiado por las ramas.
Es el momento de determinar qué queremos lograr con esta idea, y comenzar a encaminarla hacia ese lugar.
Moldear la masilla.
La imagen de la película es ineludible.
Llegado este punto tendremos un problema, una alternativa para resolverlo, mil características de esa alternativa, y un listado de esas características, pero ya depurado.
Con todo eso, es hora de armar un proyecto, en el que específicamente se vayan asociando las características, las formas de implementación, los recursos necesarios (y las fuentes que los proveerán), el real alcance del proyecto, la conveniencia de hacerlo de una u otra forma, etc.
Someterla a un paredón de fusilamiento.
Llegará el momento en que aquella idea, surgida de un momento de reflexión sobre un asunto que nos atañe, al que oportunamente llamamos “problema”, se haya convertido en un hermoso proyecto de negocio.
Es el momento de destruirlo.
Ustedes pensarán, “¿por qué voy a querer romper algo que me ha llevado mucho tiempo armar?” Simple: para ver si se puede.
Aquí entran a jugar la mayor cantidad de “Abogados del diablo” que puedan encontrar. Hermanos, primos, especialistas, analistas, padres, hijos, pareja, profesores, vecinos… quien sea!!!
La idea es encontrar especialistas en buscarle “la quinta pata al gato” porque en este punto necesitamos que nos digan que todo está mal, que la idea no sirve, y que nuestro proyecto tiene deficiencias por todos lados.
Para esta etapa, es fundamental rodearnos de gente que destruya nuestro proyecto, pero que a su vez nos empuje a mejorarlo.
Remodelación.
Si la idea, pasada a proyecto, sigue con vida después del fusilamiento tiene enormes posibilidades de convertirse definitivamente en un proyecto de negocios “implementable”.
Solo queda una última etapa en la que se ajusten los defectos reales que se hayan identificado en la etapa anterior, y se establezcan los parámetros de implementación para no caer en una vorágine que nos haga perder el rumbo.
Implementación.
Todo el trabajo anterior fue en vano, si llegado este punto no nos animamos a implementar lo planeado.
Ideas tiene cualquiera; plan de negocios, solamente algunos; éxito, unos pocos.
La diferencia entre un creador, y un emprendedor, es que el segundo encara lo que imagina y lo lleva a la práctica; mientras que el primero solamente queda como un soñador, y generalmente atribuye su falta de concreción a factores externos.
Al fin y al cabo, toda idea es un potencial plan de negocios que no atraviesa las etapas necesarias para convertirse en realidad. El tema es que atravesar todas las etapas puede llevar años, hasta adquirir la consistencia necesaria e ir moldeándose de acuerdo a la capacidad que vayamos teniendo en cada momento de nuestras vidas.
Negociación exitosa (por el profesor Cantinflas)
Un negociador debe reunir determinadas características fundamentales, que actuarán en función de lograr (o no) buenos resultados.
Una Meta: Todo negociador, debe saber hasta dónde quiere llegar, reconocer cuál será el objetivo al que debe arribar cada proceso de negociación. De no existir, corre el riesgo de quedar flotando a la deriva en algún momento, o negociar indefinidamente sin saber muy bien el camino a seguir.
Un argumento: Es importante que cada uno de los objetivos que se queiran lograr en una negociación, esté acompañado por argumentos con los cuales se maximicen las posibilidades de conseguirlos. Deben ser diversos, ya que no todos funcionan para las mismas personas.
Un discurso: Los argumentos por sí solos, no tienen peso, si es que se los expresa mal. Es por eso que todo negociador, debe tener ensayado, aprendido, practicado o preestablecido, un discurso que incluya a aquellos argumentos, acompañarlo de lenguaje corporal de tal forma de aumentar el impacto, y así acompañar buenos argumentos, con una buena exposición de los mismos.
Perseverancia: Existen altas probabilidades, de ser “rechazado” en el primer intento de alcanzar las metas que nos planteamos al negociar, simplemente porque generalmente se defienden intereses contrapuestos de cada una de las partes. La clave está en no rendirse, no bajar los brazos, no resignar por completo el proceso, sino recapacitar para recalcular las metas, y rearmar la estrategia en consecuencia.
Alternativas: Las alternativas son necesarias, ya sean diferentes caminos para lograr una meta, o diferentes metas en caso de observar que el cumplimiento de la principal es poco probable.
Convencimiento: Alguien que no esté plenamente convencido de lo que expresa, no puede convencer a otros. Es decir, no puedo “venderle” algo a otra persona, si primero no lo “compro” yo mismo.
Una táctica de cierre: Llegado el momento de arribar a un acuerdo, considerado suficiente o beneficioso, es necesario aplicar estrategias que lleven a la “implementación” de las condiciones acordadas. Muchas veces una personas que lleva a cabo una negociación, llega a buenos acuerdos, que por no “cerrar” a tiempo, se diluyen y obligan a re negociar.
Quieren un ejemplo?
Vean el siguiente video
Generar una Empresa Participativa.
Alguna vez hablamos de las necesidades de cambio en la forma de gestionar la participación de los Recursos Humanos dentro de las organizaciones, e incluso propusimos invertir la pirámide.
En ambos casos, uno de los puntos importantes para lograr una cultura participativa, era la de “generar las condiciones necesarias, para que la participación pueda darse”.
En esta oportunidad veremos cuáles son los factores que generan esas condiciones.
Como primer punto, una empresa en la que haya fallas en cualquiera de las 4 funciones principales del gerente (planificación, Organización, Dirección y Control), nunca podrá lograr un trabajo en equipo efectivo, ya que no cuenta con la solidez necesaria sobre la cual queden asentadas todas las determinaciones, reglas, directivas, acciones y resultados.
Una empresa de funcionamiento improvisado es al trabajo en equipo, como las arenas movedizas al caminante, ya que en apariencia aparecen como un lugar en el que se pueda transitar, pero de un momento a otro, las reglas cambian, las condiciones se modifican, y la realidad es diferente de un momento a otro.
Es por eso que para fomentar una real cultura de participación, debe existir un grado aceptable de previsibilidad de funcionamiento de la empresa, y eso se logra, mediante el desempeño serio y responsable de las tareas directivas.
Una vez que tengamos un marco establecido, con caminos trazados y políticas definidas, es fundamental, que las organizaciones logren generar un entorno participativo y de confianza en el que los trabajadores puedan desarrollar lazos que les permitan lograr un conocimiento mutuo, que les permitan reconocer características complementarias entre sus compañeros.
En este punto es importante no cortar los circuitos de relaciones informales.
Muchas empresas luchan abnegadamente en contra de las reuniones en pasillos, o “los recreos” que se prolongan demasiado, o las reuniones alrededor de la máquina de café. Cuando en realidad, lo que debería hacer toda empresa que quiera generar un clima favorable para el trabajo cooperativo, es reconocer e implementar métodos para el mejor aprovechamiento de esas conversaciones.
Las charlas informales, son las que mejor nos describen, y les permite a los otros, conocernos tal cual somos.
En esas charlas, generalmente se vierten opiniones descontracturadas, que pueden ser mucho mejores que aquellas ideas generadas en ambientes formales.
Muchas de esas charlas, generan datos o propuestas que, de ser tomadas en serio, pueden resultar más fértiles y creativas.
En el momento en que la empresa haya conseguido su “seriedad institucional”; y actúe de acuerdo a la conveniencia de generar un buen ambiente de cooperación, se vuelve fundamental estimular el desarrollo de determinadas características en sus empleados.
Toda cultura participativa, requiere como su nombre lo indica, de participación; pero para que esta participación sea útil en beneficio de la empresa, los empleados deben comprender la importancia, recibir el trato de la empresa en consecuencia a la relevancia que se le otorga a su participación, lograr reconocimientos, y vivir en carne propia los resultados de su propia participación. Todo eso, irá contagiando el optimismo necesario para que todos conserven las ganas de participar.
El cumplimiento de los objetivos debe ser la consecuencia, y no el fin, es decir que la organización debe lograr que los empleados trabajen aportando, generando, proyectando, proponiendo, creando y aplicando formas de trabajo que lleven a un mejor desempeño de sus propias tareas, y que como resultado, lleven a la consecución de objetivos. Es decir que la eficiencia es más importante que la eficacia (¿Quieres saber la diferencia entre ambas?). Lograr buenos resultados progresiva y sostenidamente, es mejor que lograr uno, y excelente cada tanto.
Nadie conoce las tareas, mejor que quienes las desempeñan, nadie conoce mejor al cliente, que quienes tratan con ellos; nadie conoce mejor a la empresa que quienes forman parte de ella. Si nos aferramos a ese concepto, es ilógico pensar que a la hora de mejorar una tarea, no se consulte a la persona que la lleva a cabo. Cada uno de los integrantes de la empresa, tiene críticas sobre ésta, propuestas para corregirlas, o ideas sobre diferentes formas de hacer las cosas, y quienes no las tienen, las tendrán al escuchar las de los demás y aplicar sus propios criterios. No es ni más ni menos, que reconocer la importancia de escuchar las ideas que surjan de la creatividad, estimulando también el desarrollo de la misma.
Para que todo esto funcione, la empresa tiene que tener claro su objetivo de fomentar la cultura participativa, como así también cada uno de los partícipes, tiene que saber qué se espera de ellos, y hacia dónde se dirige la organización.
Para asegurar el funcionamiento, no debemos olvidar que la organización debe convencerse de la conveniencia del proceso, y apoyar a los encargados de la implementación, para no bajar los brazos ante las primeras fallas (que las habrá), y así asegurar la estabilidad en el tiempo, para el proyecto.
Las mejores y peores publicidades.
Muy buena recopilación de aviso gráficos.
Cuáles son las mejores y las peores de acuerdo a tu criterio?
Qué función cumple la “Imagen” de una marca?
Un slogan de una gaseosa decía, “La imagen no es nada, la sed es todo”, y lo que hacía con esa publicidad era exactamente generar una imagen para la marca.
Es que no es descabellado pensar que todo empresario quiere que su marca se conozca, pero quizás es más importante que se reconozca. Es decir, que al ver de lejos un producto, o ver los colores o el packaging o las etiquetas, o el logo; un consumidor pueda inmediatamente asociarlo a la marca.
- Es decir –> Punto 1: la imagen me aloja en la mente del cliente.
De la misma forma, si seguimos con el ejemplo de la gaseosa, evidentemente el slogan del cual hablamos, hacía clara referencia a algún concepto sobre las gaseosas lima limón, e intentaba asociarse a gente despreocupada, o a los “menos populares”.
A la larga, la creación de una imagen, tiene que llevar inmediatamente a la asociación de esa marca que ya reconocemos, con una sensación, sentimiento, o experiencia.
- Es decir –> Punto 2: La imagen crea lazos entre el consumidor y sus sentimientos
Hace unos años, Coca Cola cambió su tradicional etiqueta roja con letras blancas, por una que presentaba unas burbujas, con algunos detalles amarillos entre las letras, y pagó por ello millones de dólares.
Al final de cuentas, tenemos incorporados dentro de nuestros mapas mentales, sensaciones, reacciones, y sentimientos, que provienen de nuestro sub consciente, y aparecen ante estímulos determinados.
El caso más específico, es la reacción a los colores. Algo azul es “fresco”, algo verde es “natural”, y algo rosa es “para mujer”.
La imagen de una marca, debe tener en cuenta que al momento de exponerse a más de un receptor, las repercusiones serán generadas tanto por lo que transmite nuestro mensaje, como por lo que no transmite, sino que se desprende de la propia subjetividad del receptor.
- Es decir –> Punto 3: La imagen debe atender en detalle, los aspectos estéticos.
Con esos tres factores, podemos comenzar a desarrollar una imagen de marca, simplemente porque de cada uno se irán disparando aristas que nos vayan llevando a la elaboración de la identidad de una empresa o producto.
Lo fundamental es crear una imagen acorde a lo que la empresa espera de su producto, lograr la asociación de los mismos con los consumidores, atendiendo tanto al mensaje evidente, como a la influencia subliminal.
En el proceso intervendrán diseñadores, psicólogos, especialistas en marketing, ingenieros, publicistas, directores; lo que nunca debemos obviar es la participación de la gente común, del consumidor, del personal de la empresa ajeno al proyecto.
Cuando se genera una imagen de marca, le ponemos tanto grado de complejidad al desarrollo, que lo terminamos entendiendo como algo complejo, y olvidamos que sin importar la cantidad de datos, análisis, estudios y modificaciones tenga detrás, el consumidor reduce la imagen de la marca a la más básica de las interpretaciones, y sobre esa decide su consumo.
- Es decir –> Punto 4: La imagen debe satisfacer al consumidor, no al empresario.
James Cameron, ejemplo de emprendedor.
Una clase magistral sobre liderazgo y emprendedorismo a cargo de J. Cameron, director de cine.
Excelente, verdad?
Para crear se necesita tiempo!
Hace falta más ejemplo que este, para demostrar cómo la creatividad depende directamente de la capacidad de dejar volar la imaginación?
Y si hablamos de no ponerle límites de cualquier clase?
Los profesionales son commodities, los creativos, no.
Commodity es todo bien que es producido en masa por el hombre, o del cual existen enormes cantidades disponibles en la naturaleza, que tiene valor o utilidad y un muy bajo nivel de diferenciación o especialización.
Desde un tiempo a esta parte, el mercado laboral ha apuntado indudablemente a considerar como más valiosos a los empleados que adquieren algún título de grado, empujado más que nada por la sobrevaloración otorgada a los conceptos que transmite la educación formal.
Es por esto que la gente pasa a ser su profesión, y deja de ser su nombre. Leer Más…
De dónde vienen las ideas?
Les dejo un video en el que se resume con claridad, la necesidad de darnos a nosotros mismos un espacio, lugar, tiempo y ambiente para permitirnos crear.
En un artículo publicado hace un tiempo en este espacio, llamado “Pensar en épocas de aturdimiento“, justamente hicimos referencia a cómo nos “aturdimos” en nuestra vida cotidiana hasta el punto de tener la cabeza ocupada el 100% del tiempo. Eso termina derivando en la pérdida de la capacidad creativa.
Imaginen ahora, que eso es extensible a toda la empresa.
Estamos generando espacios para la creación?
O estamos aturdiendo a nuestra gente con tareas, presiones, políticas o formas de trabajo obsoletas y no orientadas a la creatividad?








