Lo que te hace fuerte, puede matarte.


Un gran filósofo dijo una vez que “Lo que no te mata, te hace más fuerte”, pero… y si fueran la misma cosa?
Y si lo que hoy me fortalece, me termina matando?

Las empresas, específicamente sus CEOs, son propensos a no tener en cuenta esta variación de la frase, y se terminan aferrando a un éxito olvidando el camino que los depositó en él.
“Los tiempos cambian”, frase escuchada, leída y pronunciada hasta el hartazgo, pero pocas veces interiorizada; y por lo tanto la realidad requiere un constante análisis y las formas de afrontarla, una adaptación permanente.

El problema aparece cuando se hace presente la frase “siempre hice esto y mal no me fue”.
Perfecto! Pero los tiempos nunca cambiaron tan rápido como ahora.


Los cambios son evidentes:
Las comparaciones son más sencilla.
El acceso a la información menos restrictivo.
Las imitaciones menos complicadas, y menos costosas.
La rotación del personal, menos conflictiva.
Hay menos gente dispuesta a “casarse” con su empresa.
Hay más gente dispuesta a vivir de su propio esfuerzo.
Los clientes evalúan mejor a la hora de brindar su fidelidad a una marca.
Los consumidores son más críticos y volátiles.
Y así podemos enumerar infinita características que sintetizaremos en:

1- La competencia es más especializada, y mayor en número.
2- Los proveedores son menos dependientes porque el número de clientes se agranda.
3- Los clientes son más selectivos porque la oferta aumenta.
4- Los empleados son más analíticos de sus trabajos, y menos apegados a ellos.
5- Los productos son menos duraderos en términos técnicos de diferenciación.

Entonces, si todos los eslabones de la cadena cambian, cómo no van a necesitar cambiar las empresas?

Una empresa que siga atada a las cosas que la llevaron a la cima, no tiene asegurada su estadía en ella, e incluso quizás no llegue a la real cima, sino al descanso de la escalada, que requiera tomar un nuevo impulso para continuar la travesía.

Lo que ayer nos hizo fuerte, hoy puede matarnos sin esfuerzo, simplemente por quedarnos quietos ante un entorno en movimiento.
Y esto es de temer, porque presionaremos a los encargados de ejecutar las tareas, cuando en realidad las responsables de la muerte anunciada, son las tareas en sí.

Puedo hacerme un lugar en mi mercado por el esfuerzo, por trabajar días sin descanso, por mi dedicación; pero una vez logrado ese lugar, necesito análisis, necesito mejoras, necesito diferenciarme.

La fórmula consiste en no aferrarnos a los logros, sino mantener la cabeza ambiciosa, analítica, humilde y creativa, como para saber adaptarnos a los cambios, dejando de lado el orgullo y los laureles.

Recién una vez que nosotros adoptemos esa postura, podremos transmitirla a los demás y generar un cambio en nuestras empresas.
Recuerden que el cambio, siempre debe empezar por uno mismo.

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About Lic. Jorge Asad Elías

Lic. en Administración, orientado durante toda su vida laboral a especializarse en ventas, negociación, comercialización, y liderazgo.

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