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El éxito como resultado del fracaso.


Hace poco, leí un artículo que reflexionaba sobre la necesidad de vencer el miedo para poder emprender.

Después de leerlo una y otra vez, encontré un video en la red, que trataba sobre la incontable cantidad de inventos, descubrimientos, y avances que se lograron hacer posibles, simplemente porque alguien dejó de considerarlos imposibles.

Y de eso se trataba, de gente que había perdido el miedo al fracaso.

La frase que se escondía detrás de aquel video, era: “¿Qué intentarías, si supieras que no fracasarías?”.

Combinando aquel texto con aquella disertación, llegué a concluir que existe un miedo generalizado al fracaso que se puede esconder detrás de inseguridades, dudas, explicaciones lógicas o expresiones físicas… pero al final de cuentas es eso: miedo al fracaso.

El problema fundamental aquí, es que quien no fracasa no progresa, simplemente porque se mueve dentro de las actividades en las que siente confianza o certeza, es decir dentro de su zona de confort.

Buscando explicaciones que me ayudaran a entender el por qué de este fenómeno, llegué a la (triste) conclusión de que nos enseñan a escaparle al fracaso, y lo que es peor no nos enseñan a fracasar, sino a evitar hacerlo.

A la larga, simplemente nos enseñan a movernos siempre dentro de nuestra zona de confort, y a mantenernos dentro de variables aprendidas y controlables.

Nos muestran la necesidad de estar siempre en un estado de seguridad, y nos llenan la cabeza de ejemplos de personas y personalidades exitosas, pero hacen tanto hincapié en su éxito, que olvidan mostrar sus fracasos, por lo que llegamos a pensar que los exitosos no son personas comunes, sino que son eso: “exitosos”.

Es por eso que nos predisponemos a pensar que el éxito es algo que “se da” o “no se da”, y no que es algo que “se busca”.

Sería importante aceptar e incorporar que el éxito debe ser el resultado de sucesivos fracasos que nos vayan enseñando a corregir errores. Entonces, llegado el momento de fracasar, no tomarlo como una señal que nos indique que lo que estamos encarando “no es lo nuestro”, sino que se tratan de alertas y señales que nos van redirigiendo los esfuerzos.

Quien logre saltar la barrera del miedo al fracaso, tendrá acotado el camino al éxito, pero no lo tendrá asegurado, sino que deberá complementarlo con constancia, esfuerzo, trabajo; y por sobre todo: capacidad de aprender de los sucesivos fracasos que sufrirá.

Para completar esto, les dejo el video del cual hablé al comienzo, que me ayudó a entender la importancia del fracaso:

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3 preguntas en 3 momentos.


En algún momento de tu infancia, te habrán preguntado: “qué quieres ser cuando seas grande?”
Las respuestas habrán sido tan variadas, como niños haya en la historia, pero hay algo que es verdad: las respuestas habrán sido tan sinceras como inocentes.

Y es porque ese niño no estaba viciado, ni influenciado por necesidades, condicionamientos sociales, opiniones familiares o perjuicios.
No respondía a intereses o conveniencia, ni buscaba provecho o ventaja alguna.
No perseguía mayor interés que la expresión de un sueño, un ideal, o la pura manifestación de gustos propios o placeres personales.

Cuando somos niños soñamos, creemos en ideales, pensamos sanamente y actuamos en función a los buenos pensamientos. No estamos “marcados por la experiencia” más allá que lo poco que podemos analizar de los actos de nuestros padres.

Hoy estamos parado en nuestros propios zapatos, y estos están aferrados al suelo. Aquí y ahora no hablaremos de sueños, sino de aquellas cosas ciertas que nos depositaron en este lugar y en este momento.
Hablaremos de la experiencia propia, por vivencias u observación de las de otros, del bagaje que traigamos en nuestro cuerpo y mente, y de los conocimientos que nos hagan ser quienes somos.

Somos un paquete de ideas, conceptos, pensamientos y acciones.
Analizamos, vemos, pensamos y sentimos.

Hoy podemos obtener (de nosotros mismos) una realidad, y esa realidad nos lleva a tener ideas.

Juntando ambas etapas de nuestras vidas, es que debemos plantear el futuro, preguntándonos “en dónde queremos estar en unos xx años?”.

Plantear lo que queremos cambiar de nuestra realidad, para llegar a un futuro partiendo desde los sueños puros, sin condicionamientos ni prejuicios, en el que podamos ser y hacer aquello que siempre soñamos, o algo que descubrimos con el paso del tiempo y que realmente nos apasione.

El pasado nos debería aportar las ganas de soñar sinceramente.
El presente, las herramientas para moldear ese sueño.
El futuro, los hechos, los actos, para hacer realidad esos sueños.

3 preguntas, en 3 momentos diferentes para ir logrando la excelencia en términos de sinceridad entre lo que quiero, lo que pienso, y lo que soy y logro.

Lo maravilloso de la simpleza.


Si tan sólo no dejáramos de ver las cosas simples, como son, quizás la vida mantendría intacta la magia.

A no perder de vista lo maravilloso del día a día, por dejar que la rutina nos aplaste!!!

“Progreso” no es “Despersonalización… o sí?


El progreso muchas veces me suena a “mal entendido”, y las tendencias “mal interpretadas”.

A la hora de plantear el progreso de una empresa, o el cambio de la misma desde un punto actual hacia un punto deseado, se hacen todos los análisis técnicos, económicos, contables, financieros, etc. pero muchas dejan de lado el factor humano.

Primero planean los cambios, después adaptan a la gente a los mismos.

Es la eterna tendencia a ver a las organizaciones como mapas colgados en la pared, sin recordar que los puntos en esos mapas son personas, y las líneas, relaciones.

Las empresas avanzan, pero simplemente porque el “buey llamado progreso” las obliga a ir hacia adelante; sin reparar en que tal vez la gente no esté preparada para aceptar los cambios que esto implica.

El problema, no es el “no estar preparado”, sino la “No comprensión” de la conveniencia del cambio. Peor aún, cuando en el cambio, directamente, no hay conveniencia.

Ejemplo.

Las empresas están tendiendo a despersonalizarse en demasía.

Empresas que antes tenían un encargado por área, residente en la misma, ahora tienen un encargado en la oficina central, que dirige el rumbo de su empresa por mail, teleconferencia o BlackBerry.

Vendedores que tenían respuesta inmediata de sus jefes en los temas de consulta necesarios y habituales, hoy conversan con una computadora, y en horarios prefijados.

Fin del ejemplo.

Es en este tipo de cambios en los que la empresa debe priorizar la adaptación, por sobre el cambio en sí mismo, poniendo a las personas en el tope de las prioridades, y entendiendo que los cambios solamente serán posibles, si la gente ayuda positiva y activamente del mismo.

Cualquier cambio al cual nos lleve el progreso, debe ser para mejorar en todos los sentidos. Obviamente que la resistencia al cambio existe, obviamente que habrá “engranajes resentidos” por la propia alteración de las zonas de confort de todos los integrantes de la empresa. Pero siempre serán menores y menos difíciles de comprender y corregir que si se hiciera todo pensando en la estructura y no en el contenido.

Los cambios son necesarios.

La evolución es necesaria.

La preparación previa de la gente para esos cambios es fundamental.

Ser Mejor


Autor: Exequiel Ponce de León.  Tucumano, 29 años, Adm. de Empresas; MBA 2009. Actualmente viviendo en Tucumán, dedicado desarrollo de proyectos personales. Socio Gerente de “El Vestuario Deportes. Emprendedor.
 

Qué es ser mejor? ser mejor no es ser el mejor, no es ser el 1ro; tampoco el 2do. No es llegar al podio, ni colgarse una medalla.
Ser mejor, es progresar respecto de lo que venías dando y ofreciendo a cotidiano. Pienso que es lo que te ofrecés a vos mismo, eso que sabés que llevas adentro, eso que lo podrías definir como potencial, tantas veces posdatado por diferentes motivos.
Ser mejor, es dar el 100 por ciento y esperar por el resultado. Es muchas veces buscar la gloria, el objetivo que deseas; y hacer todo por alcanzarlo.
Ser mejor es no claudicar, es no bajar los brazos. Es recibir críticas y aceptarlas, es estar de mal humor y cambiarlo por una sonrisa, es estar cansado y hacerlo, es tomarse unos minutos y liquidar un asunto pendiente. Es entrenarse con los mejores y tratar de imitarlos, es esperar un partido con los más poderosos sabiendo que le podés ganar.
Los resultados no son siempre favorables, y eso no tiene que ver con ser mejor. Ya lo eres por el solo hecho de animarte a intentarlo con esfuerzo y dedicación.
Te animás a los grandes desafíos? Todo lo que llamás imposible lo es? No lo creo, tal vez esté dentro tuyo la solución a varias cosas.
Solo es cuestión de ser mejor….

FELIZ 2012!!!

Emprender sin pasión, uno más del montón.


Aceptémoslo, la pasión nos mueve. No es lo mismo mirar un partido de fútbol de equipos extranjeros, que mirar uno de equipos locales, simplemente porque en éste último interviene la pasión, la sangre.

A la hora de encarar un emprendimiento es un factor que no debe ser menor, de hecho, debería ser uno de los primeros a tener en cuenta.

Cualquier negocio, emprendimiento, proyecto, o actividad que no esté motivado desde el principio por cosas que nos apasiona hacer, tiende a atraer nuestra total atención mientras constituye una “novedad”, luego pasa a ser “algo más para atender”.

La idea de un emprendimiento, muchas veces suele partir de la base de “esto hace falta, porque no hay en el mercado”, y efectivamente funciona, pero si a eso no podemos añadirle la pasión, contará con la tibieza necesaria y suficiente para dejarle la puerta abierta a quien realmente sepa cómo explotarlo.

Por qué es necesaria la pasión?

Leer Más…

Concretar lo que querés.


Autor: Exequiel Ponce de León.  Tucumano, 29 años, Adm. de Empresas; MBA 2009. Actualmente viviendo en Tucumán, dedicado desarrollo de proyectos personales. Socio Gerente de “El Vestuario Deportes. Emprendedor.
 

Suena bien, no? se siente mejor…
El camino de concretar lo que querés se llama emprender. Emprender implica acción, y la acción para ser sustentable requiere de una estrategia.
LLegando más atrás en el camino y más profundo en esta “filosofada”, te diría que todo comienza cuándo te hacés la tan famosa pregunta de qué te gustaría hacer, o ser, o qué es lo qué más te gusta.
Es difícil la cuestión cuando algo te carcome la cabeza. Cuando pasan los días, los meses y los años sin que decidas googlear, telefonear o preguntar por algún dato que te acerque a “empezar” a averiguar si hacer lo que más te gusta es rentable, existe, te dará plata o es sustentable como medio de vida.
El camino del emprendedor (“pichón de empresario”) tiene miles de obstáculos, horas de insomnio e intentos de echarse para atrás.
La parte buena y que siempre te motiva es que, es algo TUYO, que es algo que TE GUSTA y donde vas a poder aplicar TUS IDEAS.
El resto es ser perseverante, aplicado y dedicado.
Nadie nace sabiendo, ni ninguna empresa nueva está profesionalizada desde sus comienzos.

Hay miles de fallas, por supuesto; y muchos finales de día dónde no te cierran ni la caja; ni los empleados, ni los proveedores… pero bueno: TONTO NO ES EL QUE SE EQUIVOCA, TONTO ES EL QUE NO APRENDE.

Por suerte y gracias a muchos factores, tengo la posibilidad de estar luchándola en lo que más me gusta, una empresa mía, en donde puedo ser protagonista y dar y aplicar todo lo que se y lo que siento.

La clave es Emprender, es decir, Concretar lo que querés.

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